A veces un conflicto es la oportunidad de aclarar situaciones que por sentimientos encontrados surgen en forma de malestar de alguna o varias de las partes involucradas, sin que yo sea un experto, ni tampoco un virtuoso en el arte de alcanzar la paz a través del difícil trance que representa discernir entre lo que uno siente y lo que los demás sienten, me atrevo a decir que simplemente hay que razonar, conectar nuestro cerebro antes de estallar, así se evitan heridas y malestares posteriores a cuando ya es tarde, se estalló y se dijeron improperios producto de la ira. Tarde a veces resulta tratar de disculparse, porque se crea un circulo vicioso que se cierra por el malestar provocado. Simplemente, aquí se aplica la máxima de que el tiempo lo cura todo. Durante ese tiempo, pues nos dedicamos a revisarnos, siempre que uno acepte que tal vez hubo una precipitación explosiva, como en mi caso, un ataque de ira explosiva. Al día siguiente intente disculparme pero las heridas estaban sangrantes, literalmente. Espero que Dios medie para que mi corazón consiga la paz para crecer y hacerme merecedor de su comprensión. Que la luz de Dios, ilumine el sendero de la reconciliación espiritual al menos, para que se pueda llegar al cielo de la paz.
De ahora en adelante, pondré de por medio a Dios, para que sea Él quien intermedie entre dos hermanos que están en conflicto, incluso para que limpie toda rencilla que pueda producirse por malestares que, justificados o no, deben evitarse lleguen a ser explosivos en su expresión. Con la vara que midas serás medido. Es mejor dejar entonces que todo llegue a donde tiene que llegar, sin apresurar nada ni empujar, que sea Dios quien nos encarrile nuevamente con su sabiduría y ejemplo.
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