viernes, 6 de mayo de 2011

A mi madre amada

Gracias madre por existir, por permitirme beber de tu ser mientras estuve en tu vientre, por resistir mis golpes cuando te pateaba allí adentro, por aguantar el dolor más grande por mi nacimiento, por liberarme de tus entrañas, por darme de beber una vez más de tu ser a través de tus pechos. Eres un ser divino que de seguro tiene un puesto reservado al lado de papá Dios, quien colocó en tí esa divinidad para darme la vida y para protegerme con la tuya propia. Es poco y son pocas las palabras que puedan acercarse al menos al mejor de los halagos para honrar tu ser, tu existir. Por pagarte todo los sacrificios que hiciste por mí mientras me criabas, me diste ejemplo de entrega, de esfuerzo, de valentía, de coraje, de disciplina de amor incondicional, sin pedir nada a cambio, dejando de lado todas tus ambiciones en pro de las mías, para que yo te honrara siendo un ser humano humilde, valiente y correcto, respetuoso, amoroso, digno heredero de todos los valores que me inculcaste con tu ejemplo de lucha permanente hacia el logro de tus sueños, que pasaron a ser los míos. Gracias madre por permitirme tener tu misma sangre, por permitirme respirar a través de tí, por poderme alimentar de tí, gracias madre porque te llevo a donde quiera que vaya, en mi corazón y en mi alma por siempre. Es infinito el amor que siento, el amor que debo, el amor que adeudo. Amar es sinónimo de madre, mi madre me ama y yo le amo con todo mi corazón. Infinitas gracias madre adorada.

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